EL SIGNIFICADO DE LA EUCARISTÍA

 

La Última Cena

Ultima Cena
ÚLTIMA CENA: JESÚS COMO DON DE DIOS A LOS HOMBRES

Uno de los métodos que los estudiosos de la Biblia aplican para analizar el significado de los distintos textos de los Evangelios que resultan de tradiciones similares, (relatan los mismos hechos) es ponerlos en columna, uno al lado de otro y compararlos, contrastando sus diferencias y semejanzas. A partir de ello, teniendo en cuenta el orden de prelación de los escritos y por lo tanto quién se basó aparentemente en quién al escribirlos, consiguen descifrar muchas cosas acerca de la “teología” y del encuadre que cada autor le dio a los hechos que relata.

En el caso de la lectura de la Última Cena, el relato de Marcos, (año 70 d.C.) que es el Evangelio más antiguo, más sintético, más cercano a los hechos que describe y menos influenciado por otros autores (como los demás), llama la atención que no se hable de “la sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada para el perdón de los pecados” como repite el sacerdote cada celebración de la Eucaristía. Existe un relato aún anterior al mismo, que pertenece a la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, escrita en el otoño del año 52 d.C. según las fuentes, que dice: “Porque yo recibí del Señor lo que os transmití: que el Señor Jesús, la noche en que era entregado, tomó pan…” y relata también lo ocurrido en la última Cena (1Cor 11,23-27); tampoco aquí se habla de sangre que se derrama para el perdón de los pecados, siendo que Pablo es quién asoció el “sacrificio pascual” al perdón de los pecados. Lucas y Mateo parten de (y casi copian) el relato de Marcos, pero Mateo sí, y es en el único lugar en que aparece la mención, habla de la sangre derramada para el perdón de los pecados. Posiblemente porque escribe para una comunidad judía y al estar ésta familiarizada con los sacrificios de expiación, asociaba a ellos el gesto de Jesús. Y esa interpretación tan particular es la que ha llegado hasta nuestros días.

El Lavado de los Pies

LAVADO DE LOS PIES
LAVADO DE PIES Y EUCARISTÍA, DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

Según los biblistas, cuando Juan escribe su Evangelio hacia el año 100 d.C., se encuentra con que la Cena del Señor ha perdido de alguna manera su sentido original. Jesús había realizado un gesto que venía a significar su acto final de servicio: había escenificado mediante la fracción del pan y el compartir el vino, su entrega en el servicio a los demás. Y eso es lo que había pedido a sus discípulos que imitaran.

Pero las primeras comunidades, enraizadas en los ritos judíos, veían en estos gestos algo mágico o milagroso, centrado sólo en el pan y en el vino, y dejando de lado el gesto: pan partido que se entrega y sangre vertida (la misma vida, para los judíos) en favor de los demás.

Por ello Juan no presenta en su Evangelio la Última Cena como los demás evangelistas, sino que prefiere reemplazarla por otra acción de Jesús: el “lavado de los pies”. Allí Jesús se arrodilla delante de cada uno de los discípulos y realiza un gesto inequívoco de servicio: les lava los pies y les enseña a hacerlo con los demás.

Esto debiera ayudarnos a nosotros a entender el signo de la Eucaristía. Todo sacramento es signo de una verdad trascendente. Hacemos un gesto para representar y recordar algo más profundo y que no podemos visualizar de otra manera. En este caso, lo que se quiere significar es el AMOR, que es Dios.

El pan sí, pero partido y compartido  

En la Eucaristía, el signo no es el pan, sino el pan partido y compartido. El signo no es el vino en sí, sino la vida que se entrega (en la copa que se comparte) en servicio hacia los demás. Como hemos dicho, la realidad significada es el AMOR que es Dios, que está invadiéndolo todo en todo instante, pero que podemos no ser conscientes de ello y por eso necesitamos acudir al sacramento.

PARTIR EL PAN
EUCARISTÍA, PAN QUE SE PARTE Y SE COMPARTE

Cuando celebramos una Eucaristía, ni el sacerdote ni Dios hacen ni milagro ni magia alguna. Lo que hacemos es algo más cercano y profundo: tomar consciencia de lo que fue Jesús durante su vida y comprometernos a ser nosotros lo mismo.

Entonces el partir el pan es algo fundamental, es parte de la esencia del signo. Si comprendiéramos esto, se evitarían tantos malentendidos sobre la presencia real de Jesús en la Eucaristía, presencia que por supuesto no se niega de ninguna manera, pero que sí se profundiza, y se le da el verdadero sentido, el dado por el mismo Jesús. Del mismo modo, la copa derramada es la vida de Jesús (y no la muerte) puesta al servicio de todos.

Por lo tanto, en la Eucaristía, la realidad significada no es Jesús, sino Jesús como don, es decir, el Amor de Dios que se manifiesta en Jesús.

El Corpus Christi

En la antropología judía, el ser humano era un todo único, pero podían distinguirse varios aspectos: hombre carne, hombre cuerpo, hombre alma, hombre espíritu. Hombre “cuerpo” no hace referencia a la carne, sino a la persona sujeto de relaciones. Es el “soma” griego, que al traducirse al latín como “corpus” dio lugar a un significado más bien físico, que tergiversó la realidad y distorsionó el mensaje original. Jesús no dijo: “Esto es mi cuerpo” sino “Esto soy yo”, esta es mi persona que se entrega. La Eucaristía no consiste en que el pan se transforme en Jesús, sino en que Jesús se parte y reparte, es decir, se “convierte” en pan para todos.CORPUS CHRISTI

La Eucaristía es el resumen de la actitud vital de Jesús, que consistió en manifestar, amando, lo que es Dios.

Cuando Jesús propone el mandamiento nuevo, Jesús está hablando de las consecuencias que debía tener en nuestra vida, el amor (ágape, amor sirviente) del Padre. El fin último de la celebración de una Eucaristía, es hacer presente con los signos, este ágape que nos fundiría con Dios y nos abriría a los demás, hasta sentirlos fundidos en Dios también. El hombre tiene el privilegio de poder tomar conciencia de este hecho y vivirlo. El que lo descubre y lo vive descubre su verdadero ser y disfruta siéndolo. No debemos pensar que dándonos a los demás, les estamos haciendo un favor. Con esa actitud de entrega, está alcanzando cada uno su plenitud.

Devoción o Inspiración

Basándonos en la esencia de un relato de Anthony de Mello, vemos espejado lo que significa la Eucaristía para mucha gente hoy: Un hombre descubrió la manera de hacer fuego. El pueblo entero dio un paso de gigante en su evolución. Viendo la importancia del invento, cogió los bártulos y se fue a la tribu más cercana y les enseñó el proceso. Todos quedaron maravillados al ver aparecer el fuego ante sus ojos. Se marchó muy contento por haber ayudado a aquellos hombres. Mucho tiempo después volvió para ver lo que habían avanzado con la utilización del fuego. Cuando les preguntó, le llevaron a un lugar donde habían construido un altar y habían guardado en una urna de oro los instrumentos de hacer fuego. Todos los días iban a adorar aquellos útiles que tenían tanto poder. Pero no vio fuego por ninguna parte. Moraleja: Si Jesús es objeto de adoración y devoción, más que de inspiración e imitación, puede que algo esté fallando.

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